La presidenta de la empresa familiar, Ernestina Torelló, de 83 años, se encontraba en su oficina cuando escuchó el impacto del convoy de Rodalies contra un terraplén a pocos metros de las bodegas, situadas entre Gelida y Subirats. Inicialmente, no le dio importancia al ruido, confundiéndolo con el estallido de ruedas de camiones en la autopista paralela a las vías.
A pesar de la confusión inicial, la familia Torelló fue la primera en responder, abriendo las puertas de la masía que poseen desde hace 75 años. Su nieto, Paco Torelló, llegó rápidamente desde Barcelona y se encontró la finca convertida en un hospital de campaña improvisado para atender a los 41 heridos, según los datos del Sistema de Emergencias Médicas (SEM).
“"Había mucha gente asustada."
Los efectivos de emergencias, que accedieron a la finca casi de inmediato, organizaron el espacio de manera sistemática. Establecieron tres zonas diferenciadas: la entrada para los heridos más graves, la primera sala para los pacientes que requerían atención urgente pero menos grave, y finalmente, un área para las personas que necesitaban apoyo psicológico.
Tanto Ernestina como Paco Torelló elogiaron la rápida y eficiente actuación de los equipos de rescate. “Ayudamos en todo lo que pudimos, retirando los muebles y abriendo la casa, pero el trabajo lo hicieron otros”, remarcó Paco Torelló, asegurando que “la ejecución fue perfecta”.




