El debate sobre el colecho: ¿Cuándo la crianza positiva extiende demasiado la estancia en la cama de los padres?

Neuropsicólogos y psicólogos infantiles advierten que si el niño no puede dormir solo en la primaria, puede ser una señal de ansiedad o dependencia.

Imagen borrosa de la mano de un adulto tocando suavemente la mano de un niño en una cama compartida.
IA

Imagen borrosa de la mano de un adulto tocando suavemente la mano de un niño en una cama compartida.

La práctica de compartir cama con los hijos (colecho) es segura para bebés, pero los especialistas alertan que si se prolonga más allá de la educación primaria puede indicar problemas emocionales.

La Asociación Española de Pediatría (AEP) y la Americana (AAP) recomiendan que los bebés menores de seis meses compartan habitación con los padres, pero no cama, para reducir el riesgo de síndrome de muerte infantil súbita. Esta práctica es segura en la primera infancia, excepto en casos como padres fumadores.
Bajo el paraguas de la crianza respetuosa o natural, es cada vez más frecuente ver a niños de 4, 5, 6 o 7 años, e incluso de 8, 9 o 10, compartiendo la cama de sus progenitores. La cuestión surge cuando esta práctica se alarga en el tiempo, generando dudas sobre la edad límite.

"En líneas generales, diría que una señal clara de que hay un problema es si el niño acaba la educación primaria [11 o 12 años] y tiene que seguir durmiendo con los padres."

Álvaro Bilbao · Neuropsicólogo y autor de <i>El cerebro del niño</i>
La psicóloga Elisa López lanza un mensaje tranquilizador, asegurando que el colecho no es un problema si los padres están de acuerdo. Sin embargo, la alarma debe encenderse cuando el niño es incapaz de dormir fuera de casa, ya sea en casa de familiares o durante un viaje escolar.

"Si tu hijo duerme contigo, pero luego se va de colonias sin dificultades o duerme en casa de sus abuelos o tíos, no hay ningún problema."

Elisa López · Psicóloga
El neuropsicólogo Álvaro Bilbao advierte que el exceso de crianza positiva puede llevar a casos donde niños de 12 o 13 años, o incluso 16, no son capaces de dormir sin su madre, sugiriendo un posible trastorno de ansiedad que les impide enfrentarse a situaciones solos.