El impacto electoral de los recientes accidentes ferroviarios en Adamuz (Córdoba) y Gelida (Barcelona), sucedidos entre el 18 y el 20 de enero, se está convirtiendo en un factor clave en la política española. El siniestro de Gelida, que causó la muerte de un maquinista y paralizó por completo la red catalana, se extrapola ahora al efecto que tuvo la tragedia de Angrois (Santiago de Compostela) en julio de 2013.
A pesar de que el accidente de Angrois se centró en el factor humano, el Partido Popular (PP) perdió más de dos puntos en intención de voto en el barómetro del CIS posterior. Ahora, según estimaciones propias basadas en el último sondeo del CIS, el PSOE sería el principal damnificado, con una caída que lo situaría por debajo del 27% del voto.
Los dos siniestros dejarían al socialismo por debajo del 27% del voto y a Partido Popular y Vox con hasta 200 diputados.
Esta situación contrasta con la tendencia previa al desastre, donde el mismo sondeo del CIS sugería que el presidente Pedro Sánchez podía acabar fácilmente por delante de Alberto Núñez Feijóo. La tragedia, un evento de probabilidad ínfima (una entre varios billones), ha bloqueado por ahora una posible recuperación de la izquierda española.
El análisis también apunta a que la derecha, incluyendo el PP y Vox, podría sumar hasta 250.000 votos adicionales, logrando superar los 200 escaños. Esta proyección, sin embargo, es una “foto fija” sujeta a los efectos emocionales inmediatos de una catástrofe de gran envergadura.




