La crisis ferroviaria ha empujado a miles de viajeros a las líneas regulares por carretera, evidenciando la escasa elasticidad de la flota actual para absorber aludes de demanda. Esta situación se complica por la saturación de las carreteras, incluido el corte de la AP-7, que afecta la movilidad.
El trasvase de usuarios es especialmente visible en la estación de autobuses de Fabra i Puig, en la avenida Meridiana de Barcelona, punto de conexión con la estación de tren Sant Andreu Arenal. Los usuarios habituales se mezclan con los pasajeros que Renfe dirige a autobuses de sustitución, en un ambiente general de resignación.
“"Es una vergüenza que el servicio de trenes tenga tantas irregularidades porque miles de usuarios lo utilizan y a veces es complicado llegar a una hora decente a trabajar."
El caso más singular es la conexión entre el Alt Penedès y Barcelona. El trayecto desde Gelida, donde ocurrió el accidente, solo se puede hacer completamente en bus, tardando una hora y 10 minutos en la mañana del lunes, mucho más que los 45 minutos habituales. Este retraso se debe principalmente al atasco en la AP-7 en sentido sur.




