El autor explica que finalmente ha aprendido a hacer croquetas, uno de sus platos favoritos, gracias a una clase magistral impartida por su amigo Toni. Este pequeño manjar se caracteriza por estar hecho de todo aquello que se tritura y se mezcla con harina, leche y mantequilla para crear una pasta deliciosa.
Cataluña, ahora mismo, y no exagero, es un todo triturado y desmantelado. La estructura del país se nos está cayendo a pedazos y ya no es una metáfora, sino una realidad.
Esta reflexión lo lleva a comparar el estado de la nación con los ingredientes triturados. El país, según el autor, “se sostiene con pinzas” y está a punto de colapsar, planteando la duda de si el país es apto siquiera para hacer una croqueta.
El autor ironiza con posibles “croquetas” basadas en problemas de infraestructura y políticos, como las “Croquetas Rodalies”, las “Croquetas AP7” o las “Croquetas políticas”, que siempre tienen el mismo sabor y la misma cantinela. A pesar de todo, concluye que con ganas y paciencia se podría convertir el caos en algo que alegrara la vista y la Vida.




