La economía española aceleró su ritmo de avance en el tramo final del año, cerrando 2025 con un crecimiento del 2,8%, el doble de lo esperado para el conjunto de la zona del euro. Este resultado, publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), sitúa a España como líder entre las economías desarrolladas por segundo año consecutivo.
El Producto Interior Bruto (PIB) aumentó un 0,8% en el cuarto trimestre respecto al tercero, el mayor registro trimestral de todo el ejercicio, impulsado principalmente por la demanda interna, que aportó un punto al crecimiento, mientras que el sector exterior restó dos décimas.
El motor del consumo se reforzó a lo largo del año, con un gasto de los hogares que creció un 3,4% en 2025, respaldado por una creación de empleo «récord». La mejora del mercado laboral fue crucial, ya que la tasa de paro cayó por debajo del 10% al cierre de 2025 por primera vez desde 2008, según la Encuesta de Población Activa (EPA).
A este impulso se sumó la recuperación del poder adquisitivo, con incrementos salariales por encima de la inflación que hicieron avanzar la renta real de las familias un 1,5%. Por el lado de la inversión, el crecimiento también ganó tracción, situándose en el 6,3% en 2025, destacando el aumento en construcción (+5,2%) y el fuerte repunte en bienes de equipamiento (+9%).
Esta evolución estaría vinculada a una modernización del modelo productivo favorecida por las políticas públicas y el Plan de Recuperación.
La fortaleza del ejercicio deja una base de salida favorable para 2026, con una inercia que eleva el punto de partida del PIB hasta un 1,1%. En paralelo, la productividad por hora trabajada aumentó un 0,7% en 2025, un dato que el Ministerio de Economía vincula a la modernización del modelo productivo.




