La profunda transformación del edificio, construido a finales del siglo XIX por el arquitecto manresano Ignasi Oms i Ponsa, ha permitido combinar la obra nueva con los principales elementos patrimoniales originales. Este lugar es históricamente relevante, ya que en el año 1894 se generó por primera vez energía eléctrica en la ciudad. El proyecto ha costado cerca de cuatro millones de euros, financiados en su mayoría por fondos europeos, con una aportación de un millón por parte del Ayuntamiento de Manresa.
“"Hemos intentado recuperar todo lo que es el bien patrimonial enfatizando sus valores, pero al mismo tiempo incorporando elementos importantes como la eficiencia energética."
El proyecto arquitectónico, a cargo del equipo de Meritxell Inaraja, se ha llevado a cabo con una “sensibilidad enorme” para recuperar y dignificar el espacio. Se han preservado elementos como los pavimentos originales (de finales del XIX y principios del XX), los pilares de hierro y las cerchas originales en las cubiertas, combinando lo nuevo y lo antiguo para recordar “el paso de la historia”.
Además de la preservación histórica, se han incorporado sistemas clave de eficiencia energética, como una doble fachada en la calle Llussà que regula la temperatura, y un lucernario central que proporciona luz natural a todas las plantas. Este sistema fue crucial para la elección del proyecto de Inaraja.
El edificio acogerá las oficinas del organismo municipal ProManresa, que unificará los servicios de empleo, comercio y emprendimiento. La nave grande se ha reconvertido en un escenario para eventos culturales, mientras que la planta subterránea se destinará a la cultura creativa y transformadora con FABA, con acceso independiente desde el exterior.




