La celebración de una conferencia organizada por el Rotary Club de Tortosa, en el marco de la jornada Trobada de Vida, junto con la presentación en Madrid del último libro del bioquímico y divulgador científico Pere Estupinyà, ¿Que quieres ser de mayor? (Ed. Debate), han impulsado una profunda reflexión sobre la trayectoria vital y la calidad de vida en la madurez.
Estos eventos han puesto de manifiesto que, a pesar del aumento de la esperanza de vida en las sociedades desarrolladas, la preocupación principal se centra en cómo vivir más años con una mejor calidad, entendida como la ausencia de dependencia. Estudios científicos revelan que los factores genéticos solo influyen en un 20% en la prolongación de una vida con calidad aceptable.
Esto implica que un 75% de nuestra longevidad y bienestar depende de decisiones personales y del entorno. Es crucial cuidar la salud física y psicológica, mantener una alimentación adecuada, realizar actividad física, planificar financieramente la jubilación y cultivar las relaciones familiares y sociales. Sin embargo, uno de los elementos más relevantes para una longevidad de calidad es disponer de un propósito de vida, un concepto que la cultura japonesa denomina Ikigai, o «la razón de vivir».
“"Estoy jubilado de la actividad laboral, pero no de la vida."
Este propósito es esencial a lo largo de toda la vida, no solo durante la etapa laboral. Para algunas personas, se vincula a su actividad profesional, permitiéndoles alargarla más allá de la edad de jubilación por motivación y disfrute, no por necesidad económica. Para otros, el rol vital se encuentra en el voluntariado, la familia, la amistad u otros ámbitos. Lo importante es tener una motivación y unos objetivos diarios que den sentido a la vida y hagan sentir a la persona útil a la colectividad.
Un estudio citado en el libro de Pere Estupinyà constata que las personas japonesas mayores de sesenta y cinco años con Ikigai presentan un 31% menos de riesgo de desarrollar discapacidad funcional, un 36% menos de demencia, y mayores índices de satisfacción con menos depresión y desesperanza. Esta evidencia subraya la importancia de planificar y dedicar tiempo a encontrar este propósito vital, especialmente a partir de los sesenta años.




