Tercera liberación de esturiones en el Ebro: 44 nuevos ejemplares reintroducidos en Tivenys
El programa de recuperación de la especie, desaparecida hace medio siglo, alcanza los 138 peces liberados y confirma su buena adaptación al ecosistema.
Por Anna Bosch Pujol
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Imagen genérica de un tramo del río Ebro con una rampa de peces instalada para facilitar la migración.
El Instituto para el Desarrollo de las Comarcas del Ebro (IDECE) y el Centro de Estudios de Ríos Mediterráneos (CERM) liberaron 44 nuevos esturiones en el río Ebro en Tivenys este miércoles, sumando 138 ejemplares reintroducidos desde 2023.
Los ejemplares, que llegaron desde Francia y pasaron un periodo de adaptación en el centro acuícola del IRTA de la Ràpita, se han unido a las liberaciones anteriores, confirmando que la especie, desaparecida hace medio siglo, muestra un comportamiento «correcto».
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"Cuando los soltamos, vimos que se dirigían hacia el tramo final del río; algunos se han ido al mar, alrededor del Delta, otros se han quedado en el estuario (en la confluencia). Es normal que se muevan entre el estuario y el mar cuando tienen esta edad, entre año y medio y tres años."
La reintroducción del esturión es un proceso muy lento. Ordeix recordó que habrá que esperar cerca de dos décadas (entre 15 y 20 años) para que estos peces remonten el río para reproducirse. Debido a las dificultades de cría en cautividad en Francia, la cuarta liberación se pospone hasta 2027.
El proyecto Life MigratoEbre, que ha construido rampas de peces en los azudes de Xerta y Ascó para eliminar las barreras físicas, ha tenido un éxito adicional. Se ha detectado la recuperación de la saboga, otra especie migradora que era muy abundante en el tramo bajo del Ebro y que ahora se ha visto reproduciéndose río arriba.
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"Esto es una noticia buenísima. Es una especie que con los años se irá recuperando y tendrá una importancia, no sabemos si económica, pero al menos social, ambiental, básica."
A pesar de los resultados positivos, el coordinador del CERM ha expresado preocupación por el impacto potencial de depredadores como el siluro, una especie invasora. La falta de financiación ha impedido instalar detectores en los esturiones liberados que indiquen si han sido comidos, una tecnología clave para evaluar la supervivencia.