El balonmano de Palafrugell llega a la cima mundial

Hace 19 años, un joven del Baix Empordà se proclamaba campeón del mundo con la selección española de balonmano.

Imagen genérica de un balón de fútbol sobre césped.
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Imagen genérica de un balón de fútbol sobre césped.

El 6 de febrero de 2005, la selección española de balonmano conquistó su primer título mundial en Túnez, con una victoria decisiva contra Croacia. Aquel equipo contaba con Albert Rocas Comas, un joven palafrugellense que pasó de las pistas locales a la élite internacional.

Aquel triunfo marcó un antes y un después para el balonmano español, que ya había obtenido medallas previas pero nunca un título de máxima competición. La final contra Croacia, vigente campeona mundial y olímpica, tenía un peso especial. La victoria consolidó a aquel equipo como una de las generaciones más destacadas.
En Palafrugell, la gesta se vivió con gran orgullo. La Revista de Palafrugell dedicó su portada y un extenso reportaje al jugador, presentándolo como "el hijo de la carpintería de can Rocas". Se destacaba su trayectoria desde el Club Handbol Garbí hasta la élite, pasando por equipos como el Granollers, el Valladolid y el Portland San Antonio.
Nacido el 16 de junio de 1982, Rocas se inició en el Garbí bajo la tutela de su primer entrenador, Josep Maria Mora. El salto al profesionalismo llegó con el Valladolid, donde firmó su primer contrato en primera división, admitiendo que tuvo que priorizar el deporte sobre los estudios.
Con 21 años, se consolidó en el Portland San Antonio, uno de los grandes clubes de la Liga Asobal. Antes del Mundial, ya había ganado la Recopa de Europa en 2004 y había sido reconocido como máximo goleador y mejor jugador de la temporada 2003-2004.
Su debut con la selección absoluta fue reciente, el 28 de diciembre de 2004 contra Rusia. Poco más de un mes después, ya era campeón del mundo, acumulando 14 internacionalidades con la selección absoluta y numerosas con las categorías inferiores.
El título mundial confirmó que Rocas era un deportista consolidado, no solo una promesa. Él mismo describió la gesta como un impulso clave para el balonmano español, que ahora podía afirmar ser campeón.
Su regreso a Palafrugell estuvo marcado por compromisos profesionales y recepciones oficiales, incluyendo la del Ayuntamiento de Pamplona y la familia real. El consistorio palafrugellense también preparó un acto para felicitarlo.
La historia de Rocas ilustra la realidad del deporte de élite: el talento combinado con el sacrificio, el apoyo de entrenadores y la renuncia a aspectos personales para alcanzar la excelencia.
El Mundial de 2005 fue la primera gran cima internacional de Albert Rocas y un momento histórico para Palafrugell y para el balonmano español, demostrando que una trayectoria iniciada en un club local podía alcanzar el punto más alto.