Los tres cuadros, aparentemente inofensivos, ocultaban la droga bajo una composición química inédita a base de cocaína mezclada con una gruesa capa de resina sintética de alta dureza, conocida como 'epoxi'. Este método permitió que la sustancia, de color negro y textura granulada, no reaccionara a los reactivos de detección convencionales en la aduana aeroportuaria.
La secuencia de los hechos comenzó en la Terminal 1 de El Prat durante un control rutinario de pasajeros. Agentes de la Policía Nacional sospecharon de un viajero que transportaba los cuadros debido a su peso desproporcionado y las “respuestas incongruentes” que ofreció sobre el motivo de su viaje.
La coca no presentaba el color blanco ni olor característico del alcaloide, sino que la sustancia era de color negro y con una textura granulada muy fina.
A pesar de que los tests rápidos dieron negativo, la experiencia de los investigadores fue clave. Intervinieron los cuadros e informaron al pasajero de sus derechos, dejándolo en libertad a la espera de análisis más exhaustivos. Al día siguiente, el Instituto de Toxicología y Ciencias Forenses de Barcelona confirmó la presencia de los 15 kilos de droga.
Con la confirmación, se activó un dispositivo urgente. El individuo fue localizado y detenido a las 12:55 horas del mismo día en el aeropuerto de Madrid-Barajas, justo cuando intentaba embarcar en un vuelo con destino a Colombia. Esta operación subraya la creciente sofisticación de las redes de narcotráfico internacional.




