Moverse en tren por L'Hospitalet o el Baix Llobregat se ha convertido en un ejercicio de resignación. La puntualidad del servicio se desplomó el año pasado hasta el 50%, con demoras que promedian los 20 minutos en los trenes que no llegan a su hora. Este escenario afecta a las líneas R2, R2 Sud y especialmente a la R4.
En el caso de la R4, los datos son demoledores: más de 24.000 minutos perdidos en el último semestre. Municipios como Sant Feliu, Cornellà, Sant Joan Despí o Martorell sufren directamente las consecuencias de una infraestructura que los usuarios califican de abandonada tras el grave accidente de Gelida del 20 de enero.
A pesar de la gratuidad temporal del servicio, la sensación de falta de mantenimiento persiste. Las administraciones, entre ellas la Generalitat y el Ministerio de Transportes, se encuentran en pleno debate sobre la gestión y las inversiones necesarias para revertir una crisis que ya es social y política.




