Este inmueble, propiedad de ADIF, antiguamente alojaba al personal ferroviario y actualmente presenta un estado de conservación deficiente, con ventanas rotas y el acceso lleno de residuos, evidenciando su deterioro desde el exterior.
La decisión de cerrar el vestíbulo y suspender servicios esenciales como la venta de billetes se tomó debido a conductas incívicas por parte de los ocupantes. Según informaciones publicadas, estos habrían realizado conexiones ilegales al suministro eléctrico e, incluso, habrían orinado sobre los usuarios desde las ventanas del edificio.
Actualmente, los viajeros deben utilizar una puerta lateral para acceder a los andenes, ya que la entrada principal continúa inoperativa como consecuencia de esta situación.




