Las entidades de Viladecans no ofrecen un apoyo incondicional a la expansión aeroportuaria. Aunque admiten los beneficios económicos, alertan sobre el impacto en el delta del Llobregat y la pérdida de terrenos agrícolas. Existe un malestar latente por las compensaciones ambientales no ejecutadas en el pasado, lo que genera desconfianza hacia las nuevas promesas de sostenibilidad.
El debate local también se centra en la gestión del crecimiento urbano. Los vecinos de esta localidad del Baix Llobregat priorizan el acceso a la vivienda asequible y la mejora de la movilidad interna. Además, se detecta una falta de instalaciones deportivas específicas, como una pista de atletismo, y se pide reforzar los espacios culturales para evitar la pérdida de identidad comunitaria.
Finalmente, el asociacionismo se presenta como una herramienta clave contra la extrema derecha. Las entidades consideran que fomentar la participación ciudadana y la pluralidad es la mejor estrategia para combatir los discursos de odio y la polarización social que afecta tanto a Cataluña como al resto de Europa.




