El paro ferroviario, que se extiende durante los días 9, 10 y 11 de febrero, comenzó con gran incertidumbre entre los viajeros. En la estación de Sant Vicenç de Calders, por ejemplo, no salieron trenes en dirección a Tarragona a primera hora. Además, las pantallas de información solo mostraban los horarios de los trenes Regionales, aumentando la confusión entre los viajeros de Rodalies.
Fuentes de Renfe aseguran que los servicios mínimos pactados, fijados en el 50% por el Gobierno, no se están llevando a cabo correctamente.
La situación fue especialmente crítica en el Baix Penedès. Muchos usuarios de municipios como Cunit y Calafell tuvieron que adelantar sus horarios habituales para asegurarse la llegada a Barcelona. El aparcamiento de la estación de Cunit, que normalmente está lleno a primera hora, lucía completamente vacío, reflejando el temor de los usuarios a quedarse en tierra.
Este caos se vio agravado por incidentes puntuales, como el de un tren en Sant Vicenç que no pudo salir porque el maquinista argumentó que la ventana de socorro estaba pintada. Cabe destacar que, al ser jornada de huelga, no hubo refuerzo de servicios de autobuses para paliar la falta de trenes, forzando a los usuarios a buscar servicios alternativos.




