La atracción, que serpentea por una montaña del municipio del Baix Penedès, fue una sorpresa para muchos vecinos cuando el suizo la construyó en 1989. Desde su apertura, se convirtió rápidamente en un referente.
El tobogán de Calafell fue el único de estas características en toda la península Ibérica y sigue siendo un punto de interés que atrae a miles de visitantes cada temporada, según explican desde Calafell Slide.
La pérdida de Zimmermann representa la de un pionero que contribuyó significativamente a poner a Calafell en el mapa de las atracciones turísticas emergentes del país. Son muchos los vecinos que han disfrutado descendiendo en el trineo a lo largo de los años.




