De vez en cuando, la vida nos sorprende con hallazgos inesperados, como un restaurante integrado en la entrada de una sala de teatro. Para acceder a la taquilla y a la sala, los visitantes deben atravesar un espacio lleno de mesas, sillas y una barra, haciendo que el restaurante y el teatro sean indisolubles. Esta fusión ha sido ideada por dos profesionales de la restauración, quienes han concebido el espacio como un punto de encuentro entre ambos mundos, que comparten la
performatividad y la puesta en escena
La propuesta culinaria se define por ser golosa, directa y divertida. Los responsables del proyecto, que se formaron hace tres años en grandes producciones para un gran número de comensales, ahora se enfocan en una cocina más íntima y personalizada. La carta, escrita a mano en una página de libreta, refleja esta filosofía de cercanía.
La cocina, de apariencia sencilla, se caracteriza por una elaboración pausada y pensada para facilitar el consumo comunitario. Entre sus creaciones, destaca una ensaladilla con un toque acidulado gracias a la mostaza antigua y el jugo de las piparras. También ofrecen anchoas sobre pan sardo carasau finísimo con mantequilla ahumada, una combinación que promete una explosión de sabores.
El menú incluye
bocados poti-poti
con patatas fritas, fuet, aceitunas y queso, pensados para comer con las manos. También reinterpretan guisos tradicionales, como la carrillera, que sirven entre panes para una degustación informal. Las butifarras, procedentes de Lleida, se cocinan lentamente con cerveza y se presentan esparracadas.
Esta apuesta por la informalidad se manifiesta en platos como la carrillera, que termina empanada entre rebanadas gruesas de brioche ligeramente tostado, ideal para los clientes que se quedan a cenar después de la obra de teatro. Uno de los responsables del restaurante señala que
“"es un ambiente particular, hay una sensibilidad distinta a la de otros restaurantes donde hemos trabajado"
Las patatas al caliu se sirven con allioli y una salsa brava
arromescada
que sustituye el tomate por ñora y cayena. También experimentan con combinaciones clásicas, como la sobrasada de Menorca sobre tostada con brie fundido, bañada con miel aromatizada con romero y tomillo. La selección de vinos incluye opciones como el Baluard, un vino blanco de montaña del Montseny. Para postres, ofrecen yogur con naranja sanguina y una versión helada del tradicional pan con aceite, sal y chocolate.



