Diez años después de la creación del catálogo de comercios emblemáticos de Barcelona, que incluyó 209 establecimientos, la ciudad registra un balance de 191 locales abiertos y 18 cerrados. Esta cifra es más favorable que la de hace cinco años, cuando los cierres ascendían a 29. Sin embargo, la reapertura de algunos de estos espacios a menudo implica cambios de uso que desvirtúan la función original que los hizo históricos.
La presión de los precios de los alquileres, especialmente en las zonas turísticas, y la falta de relevo generacional son las principales causas de los cierres. Paradójicamente, la afluencia turística, aunque dispara los precios, también permite la supervivencia de algunas actividades que no tendrían suficiente clientela local.
Los cierres actuales se concentran principalmente en el distrito de Ciutat Vella, donde han bajado la persiana establecimientos como Casa Oliveras, El Ingenio o Forn La Valenciana. En el Eixample, destacan Forn Cosialls y Viajes Nautalia; en Gràcia, Vinos Vicente Casas; en Sarrià-Sant Gervasi, Electricitat Yrurzun; en Sant Andreu, Fleca Girabal; y en Sant Martí, Poblet La Africana.
“"Cada vez que cierra un comercio emblemático, Barcelona pierde un trozo de su identidad."
El Ayuntamiento de Barcelona está trabajando en la ampliación del catálogo de protección, que permitirá salvaguardar la identidad local más allá del patrimonio material, amparándose en la nueva Ley catalana de Comerç de finales de 2025. Esta iniciativa busca fomentar la continuidad de los negocios y su relevo generacional, adaptándose a la nueva legislación.
El concejal de ERC, Jordi Coronas, ha señalado que el catálogo inicial se enfocó en el continente, pero no en el carácter histórico de los establecimientos. Por ello, defiende un catálogo específico para comercios singulares que preserve la actividad y la memoria colectiva, incluso si no tienen elementos patrimoniales destacados.




