La suspensión total de la red de Rodalies para revisar la seguridad tras el accidente de Gelida provocó un trasvase masivo de viajeros hacia el transporte interurbano. La estación de autobuses de Fabra i Puig, situada junto a la estación de tren Sant Andreu Arenal en la avenida Meridiana de Barcelona, quedó completamente saturada con colas kilométricas.
Los pasajeros de líneas clave como la 400, con destino a Granollers, acumularon esperas de más de 50 minutos. Usuarios como María José y Marina comentaron que, aunque la frecuencia de paso era de 20 minutos, la gran afluencia hacía imposible subir a los vehículos, sugiriendo que se deberían haber puesto más autobuses.
“"Deberían haber informado antes. No puede ser que llegues a la estación y te digan que está cerrada."
La falta de información y la percepción de escasas alternativas fueron las principales quejas entre los viajeros. La estudiante Helena Lacambra, que esperaba un bus hacia Sabadell, señaló que nunca había visto colas tan largas y calculaba que tendría que esperar al menos dos vehículos más para conseguir plaza.
En contraste con el colapso de Rodalies y los autobuses, la red de FGC operó con total normalidad durante el miércoles. La operadora ferroviaria catalana confirmó que los trenes circulaban en el horario previsto en todas las líneas, ofreciendo una alternativa vital para los viajeros del Vallès y el Llobregat-Anoia.




