Otro comercio emblemático de proximidad ha bajado la persiana en Barcelona. La Pastelería Rovira, situada en el Paseo de Maragall, en el barrio de Horta, pone fin a una larga historia ligada a la vida cotidiana del vecindario tras más de 70 años de actividad ininterrumpida.
Mis padres eran clientes desde que la inauguraron y yo siempre compraba allí cañas de crema. En ningún otro sitio las he comido, e igual que todo lo que hacían.
El cierre ha provocado una oleada de mensajes de tristeza y agradecimiento por parte de los clientes en redes sociales. Otros vecinos destacaron la calidad del producto tradicional: “Me da mucha pena, un muy buen producto de toda la vida, y gente encantadora a la hora de despachar”, comentaba una clienta.
Una tercera vecina lamentó la pérdida del comercio tradicional frente a la oferta actual, señalando que el barrio “ya no es tan barrio” sin estos establecimientos. La pastelería se despidió de su clientela con un gran cartel colgado en el escaparate, que servía como carta de agradecimiento a los clientes que han formado parte de su historia durante décadas.




