Un estudio impulsado por el IRB CatSud e ISGlobal, con la colaboración de la California Walnut Comission, defiende que la dieta materna durante el embarazo puede tener un impacto significativo en el desarrollo cerebral de los hijos a largo plazo. La investigación, publicada en European Journal of Epidemiology, ha analizado datos de 716 parejas madre e hijo extraídos del proyecto IMMA, un estudio sobre infancia y medio ambiente. Se han buscado señales biológicas en plasma de cordón umbilical.
Los niveles de ácidos grasos omega-3 presentes en el cordón umbilical se asocian con la trayectoria cognitiva desde la infancia hasta la adolescencia, mostrando patrones diferenciados para la atención, la memoria de trabajo y la inteligencia fluida entre los 5 y los 15 años. "El tipo de alimentación prenatal deja una huella duradera en la trayectoria cognitiva de la descendencia", señala Jordi Julvez, investigador principal del trabajo y miembro del grupo NeuroÈpia del IRB CatSud y de ISGlobal.
El ácido docosahexaenoico (DHA), presente principalmente en pescado azul y marisco, es crucial para el desarrollo cerebral. Los niños expuestos a niveles más altos de DHA durante el embarazo muestran mejor capacidad de atención, memoria y razonamiento hasta los 15 años, con beneficios que se mantienen a lo largo del tiempo. Mientras que la mejora en la memoria de trabajo destaca en la infancia temprana, la relación con la atención y la inteligencia fluida se fortalece progresivamente hacia la adolescencia.
Por otro lado, el ácido alfa-linolénico (ALA), de origen vegetal (nueces, semillas, aceites), se asocia con una mejor capacidad de atención en edades tempranas (5-7 años) y una ligera mejora en la memoria de trabajo más tardía. El ácido eicosapentaenoico (EPA), también presente en pescado y marisco, no mostró asociación con las capacidades cognitivas evaluadas.
Según Ariadna Pinar-Martí, primera autora del estudio, seguir una dieta rica y equilibrada como la dieta mediterránea, que combina pescado, frutos secos y aceites de calidad, es la mejor manera de garantizar un aporte óptimo de estos nutrientes esenciales durante la gestación, ya que el organismo humano no produce ALA por sí solo.
El trabajo ha contado con la participación de investigadores de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), la Universitat de Barcelona (UB), el CIBEROBN y el CIBERESP del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII).




