La llegada de Roma transformó genéticamente la península Ibérica, no las migraciones germánicas

Un estudio con genomas antiguos revela que la conquista romana provocó un cambio demográfico a gran escala, mientras que el impacto de suevos, vándalos y visigodos fue más limitado.

Imagen genérica de equipamiento de laboratorio para secuenciación de ADN antiguo.
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Imagen genérica de equipamiento de laboratorio para secuenciación de ADN antiguo.

Un estudio internacional liderado por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE, CSIC-UPF) y el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona ha reconstruido la historia genética de la península Ibérica entre los siglos I y VIII d.C. a partir de 243 genomas antiguos.

La conquista romana de la península Ibérica provocó un cambio demográfico a gran escala, transformando el territorio en un mosaico poblacional diverso con ascendencia del Mediterráneo oriental y del norte de África. En cambio, las migraciones posteriores de suevos, alanos y visigodos durante la Antigüedad tardía tuvieron un impacto genético más limitado en la población hispánica.
La investigación, publicada en la revista Cell, analiza 243 genomas antiguos de 31 yacimientos arqueológicos y combina evidencias genéticas con datos arqueológicos para reconstruir la historia poblacional entre los siglos I y VIII d.C. El estudio concluye que la romanización fue una transformación demográfica que conectó a las poblaciones locales con movimientos humanos mediterráneos.
A partir del siglo V, se identifican individuos con ascendencia de Europa central, especialmente en contextos asociados a los nuevos grupos políticos germánicos. Sin embargo, la mayoría de las comunidades mantuvieron el perfil diverso de la población hispanorromana. La contribución genética de los grupos germánicos se sitúa entre el 12% y el 22%, sin alterar radicalmente el paisaje genético como ocurrió en otras regiones como Britania o los Balcanes.
El análisis genómico también ha permitido identificar historias individuales, como la de dos hermanos con ascendencia centroeuropea enterrados en Mérida y Castellón, probablemente migrantes de primera generación. Asimismo, las llamadas "princesas suevas" revelan alianzas matrimoniales entre las élites suevas y familias hispanorromanas, demostrando que la identidad migrante podía adquirirse también por vías familiares y culturales.
Los investigadores señalan que la historia genética de la península Ibérica es diferente a la de otras regiones postromanas, con migraciones y nuevas ascendencias pero sin una sustitución poblacional a gran escala. Futuros estudios de genomas medievales y postmedievales serán esenciales para conectar a los antiguos habitantes con las poblaciones actuales.
Información elaborada a partir de la fuente oficial: Museu de Ciències Naturals de Barcelona (22/10/2026)