Las recientes filtraciones masivas sobre el caso de Jeffrey Epstein, que incluyen miles de documentos e imágenes, han confirmado las sospechas sobre sus conexiones con los servicios de inteligencia de Rusia. Estas revelaciones se suman a los nombres de personalidades como Bill Clinton o el Príncipe Andrés, destacando el uso tradicional del chantaje sexual en Rusia desde la época de Boris Yeltsin hasta la actualidad con Vladímir Putin.
Según información publicada por The Dossier Centre, vinculado al opositor Mijaíl Jodorkovski, en el año 2015 Epstein se dirigió a Serguéi Belyakov, un oficial del FSB (antiguo KGB) que había ocupado cargos gubernamentales como viceministro de Desarrollo Económico. Epstein le pidió ayuda para neutralizar a una prostituta rusa, Gazel Ganieva, que estaba chantajeando a empresarios estadounidenses.
“"Al igual que Robert Maxwell, el empresario de medios británico, padre de Ghislaine, Epstein mantenía fuertes vínculos con la inteligencia rusa e israelí."
A cambio del informe detallado sobre Ganieva y sus vulnerabilidades, Belyakov obtuvo “sugerencias” sobre cómo Rusia podía eludir las sanciones y atraer a personalidades de alto nivel al Foro Económico de San Petersburgo en 2015, justo después de la invasión de Crimea. Un segundo episodio clave es la oferta de Epstein al ex-primer ministro de Noruega, Thorbjorn Jagland, antes de la controvertida cumbre de Helsinki de 2018, donde sugirió que el ministro de Exteriores ruso, Lavrov, podría obtener información relevante sobre Donald Trump a través suyo.
El periodista estadounidense Craig Unger, autor del libro American Kompromat, ha confirmado estos estrechos vínculos con la inteligencia rusa e israelí, trazando paralelismos con el caso de Robert Maxwell, padre de Ghislaine Maxwell. La magnitud de la red de favores a Rusia aún se está determinando, con debates sobre si el entramado fue una operación del KGB, como sugirió el primer ministro de Polonia, Donald Tusk, o si Epstein simplemente trabajó para sus propios intereses.




