El evento, que se celebra en el Poblenou desde 2018, ha crecido gracias a los espacios abiertos de este barrio de pasado industrial y presente tecnológico. El éxito ha sido abrumador, con 300.000 visitantes en la edición anterior, disfrutando del arte contemporáneo bajo el lema “Pasajes nocturnos”.
La propuesta del cineasta Albert Serra, una de las más arriesgadas, rindió homenaje a su grupo de música fetiche, Molforts. Proyectó en la inmensa pared lateral del Dhub un concierto donde se veían los rostros del cantante, Xavi Gratacós, y el batería, Enric Juncà, envueltos en una música inclasificable, despertando la curiosidad de los primeros espectadores.
Entre los proyectos profesionales, la instalación de Lola Solanilla, Bulla, en el Ágora Berta Cáceres del Parc de les Glòries, fue una de las que causó más colas. Casi cuatro mil esferas verdes a diferentes alturas creaban una nube onírica que invitaba a la reflexión poética, contrastando con la potente carga social de las instalaciones de las escuelas, como la del Institut del Teatre.
El festival se consolida como laboratorio de innovación tecnológica y artística, con ejemplos como los rayos verdes de Laser Faces de Antoni Arola, que dialogan con la arquitectura de la Diagonal y la Torre Glòries, o The Whispering Mountains del estudio Eness en el Parque del Poblenou, esculturas hinchables que interactúan con los visitantes.
Organizado por el Instituto de Cultura de Barcelona, el Llum Bcn de este año se ha sumado a la Capital Mundial de la Arquitectura 2026, incorporando diez instalaciones que combinan luz y danza en diferentes distritos de Barcelona, como el espectáculo de danza aérea de Sacude Danza en la plaza del Fort Pienc.




