95 años de la Constitución que renunció a la guerra en España

La Segunda República consagró el pacifismo como eje central del Estado, un hito innovador que solo perduró cinco años.

Imagen histórica de la proclamación de la Segunda República en Barcelona
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Imagen histórica de la proclamación de la Segunda República en Barcelona

Hace 95 años, la proclamación de la Segunda República en Barcelona y en todo el Estado trajo una ola de reformas modernizadoras, incluyendo una Constitución que, por primera vez, renunciaba a la guerra como política nacional.

El 14 de abril de 1931 marcó el inicio de un período de profunda transformación en España, con la proclamación de la Segunda República. Este cambio de régimen no solo generó una gran esperanza, sino que impulsó una serie de reformas sociales y políticas que buscaban modernizar el país y alinearlo con la vanguardia europea. Entre 1931 y 1933, se introdujeron derechos fundamentales como el sufragio femenino, la ley del divorcio, una reforma militar significativa liderada por Azaña y una apuesta por la laicidad del Estado.
Estos logros quedaron plasmados en la Constitución aprobada el 9 de diciembre de 1931. Uno de sus artículos más destacados, el artículo 6, establecía una declaración de intenciones revolucionaria para la época: "España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional".

"Este artículo declara que España acata las normas universales del derecho internacional."

Clara Campoamor · Diputada
La diputada Clara Campoamor, una figura clave en la defensa del derecho al voto de las mujeres, argumentó el 1 de septiembre de 1931 que el artículo 6 era una pieza fundamental que situaba a España a la vanguardia del derecho internacional. Este artículo incorporaba por primera vez en una constitución el Pacto de París de renuncia a la guerra y la adhesión a los principios de la Sociedad de Naciones, yendo más allá de constituciones como la de Weimar o la mexicana de 1917.
Durante el debate constitucional, voces como la de Luis Jiménez de Asúa, presidente de la Comisión de Constitución, subrayaron el carácter internacional y pacifista del artículo 6. Campoamor, con gran pasión, defendió que el presidente de la República solo pudiera declarar la guerra en casos de "guerra justa" y después de agotar todos los procedimientos pacifistas, con el objetivo de evitar conflictos innecesarios.
Sin embargo, esta visión pacifista no fue universalmente aceptada. Desde sectores conservadores y de derecha, el artículo 6 fue percibido como una debilidad. El sacerdote y diputado Molina Nieto expresó el 27 de septiembre de 1931 su preocupación por una "contradicción espantosa" entre la renuncia a la guerra y la laicidad de la Constitución, que consideraba una agresión a los católicos. De manera similar, el diputado carlista Lamamié de Clairac acusó a la izquierda de querer desarmar a la Guardia Civil y armar al pueblo, viendo en el artículo una estrategia para desproteger al Estado.
Lamentablemente, la esperanza de paz del artículo 6 fue efímera. Cinco años después de su aprobación, en 1936, el clima político se deterioró drásticamente. Un mes antes del golpe de estado, el 12 de junio, José Calvo Sotelo, líder de Renovación Española, pronunció un discurso premonitorio. Finalmente, el 18 de julio, el golpe de estado liderado por Francisco Franco y otros militares destrozó la Constitución, comenzando precisamente por el artículo 6, y sumió al país en una guerra civil que marcaría las siguientes cuatro décadas.