Barcelona pierde un 25% de mercerías y un 30% de zapaterías desde 2016

Los datos municipales revelan un fuerte retroceso del comercio tradicional y minorista en la ciudad en los últimos ocho años.

Interior de una mercería antigua en Barcelona con estanterías llenas de productos.
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Interior de una mercería antigua en Barcelona con estanterías llenas de productos.

Barcelona ha experimentado un significativo retroceso de su comercio tradicional y minorista entre 2016 y 2024, con pérdidas notables en sectores como mercerías, droguerías y zapaterías.

Entre 2016 y 2024, Barcelona ha visto cerrar una de cada cuatro mercerías y droguerías, lo que representa una disminución del 25%. El sector de las zapaterías y los negocios de piel también ha sufrido un importante retroceso, con cerca del 30% menos de negocios, según los censos municipales de locales comerciales.
El sector de la alimentación tampoco se ha librado de esta tendencia. Las pescaderías han disminuido en 141 establecimientos (casi un 25%), las tiendas de huevos y aves un 15%, y las carnicerías un 10%.
Este declive del comercio tradicional se hace patente en ejemplos como la centenaria mercería Perelló, en el barrio de Sant Andreu, donde la tercera generación duda que la cuarta continúe el legado familiar. La histórica mercería Tarragona, en el barrio de Gràcia, cerró a principios de julio tras 109 años de actividad.
Ramon Martínez Perelló, de la mercería Perelló, señala la competencia de los "grandes bazares chinos" como uno de los factores que han perjudicado al sector, aunque destaca la calidad y el servicio diferencial del comercio tradicional.
El análisis de la evolución de los comercios tradicionales, que incluye mercerías, zapaterías, negocios de piel, droguerías y perfumerías, así como comercios de alimentación minorista fuera de los supermercados, muestra un retroceso generalizado. La comparación entre los censos de 2016 y 2024 evidencia esta tendencia, que probablemente es más antigua.
Las droguerías y perfumerías también han experimentado un descenso significativo, con la desaparición de unas doscientas de las cerca de ochocientas que había en 2016. En la alimentación, las pescaderías y marisquerías son las más afectadas, seguidas por las carnicerías y las tiendas de fruta y verdura.
Pròsper Puig, presidente de la Fundació Barcelona Comerç, reconoce la realidad del cierre del comercio tradicional pero defiende la fortaleza de los ejes comerciales y el cambio hacia una profesionalización del sector, con negocios que necesitan presencialidad resistiendo mejor el impacto de la compra en línea.
Perelló pide "medidas económicas" y un "estatus especial" para el comercio tradicional, incluyendo la flexibilización de normativas municipales sobre rotulación, iluminación o regulación laboral, para facilitar la continuidad de los negocios.
A pesar del retroceso de algunos sectores, el censo general de locales comerciales en Barcelona muestra un ligero aumento del 2,6% desde 2016, con 61.875 locales activos. Actividades como gimnasios, centros de fitness y almacenes han crecido notablemente, reflejando cambios en los hábitos de consumo y el auge del comercio electrónico.
El índice de comercio de uso cotidiano se mantiene en torno al 13% en la ciudad, con variaciones significativas entre barrios. El informe municipal destaca la densidad comercial de Barcelona, superior a la de otras metrópolis, y su capacidad de oferta abundante.