Los aguaceros torrenciales y de récord que afectaron la madrugada del sábado el litoral del Baix Camp y el Tarragonès contrastan con la sequía extrema que se vive a pocos kilómetros de distancia, donde ya se acumulan 103 días sin precipitaciones significativas.
Este fenómeno se enmarca en la naturaleza mediterránea, caracterizada por climas de contrastes. Se recuerdan sequías históricas y, en cambio, inviernos excepcionalmente lluviosos como el del año pasado, que fue el más lluvioso de los últimos 30 años en Cataluña.
El cambio climático agrava estos contrastes pluviométricos. A pesar de las lluvias puntuales en la Costa Daurada, sectores de Ponent y del sur continúan sufriendo una racha seca excepcional. Datos del Servei Meteorològic de Catalunya indican que municipios como Vinebre o Maials llevan 104 días sin superar el litro por metro cuadrado, y Lleida suma 101.
A pesar de un verano cálido y seco respecto a la media, las reservas de agua se mantienen positivas gracias a las lluvias de primavera. A finales de agosto, las cuencas internas superan el 80% de la capacidad y las cuencas del Ebro superan el 70%.
Julio fue uno de los más secos registrados en Barcelona y en el conjunto de Cataluña, marcado por largas cuñas anticiclónicas que impidieron incluso las típicas tormentas de verano en el Pirineo. Se espera que septiembre, tradicionalmente más lluvioso, pueda cambiar esta tendencia.




