La familia de una niña de 12 años con síndrome de Down, que hasta ahora ha cursado estudios en un colegio público ordinario en Barcelona, ha recibido la recomendación de los especialistas del equipo de asesoramiento y orientación pedagógica (EAP) del Consorci d'Educació de que el próximo curso asista a un centro de educación especial. La plaza asignada se encuentra a seis kilómetros de su domicilio, lo que supondría un cambio radical en su rutina diaria, obligándola a utilizar transporte público complejo para desplazarse.
El padre de la menor, Antoni, ha expresado su preocupación por la pérdida de autonomía que este cambio comportaría, ya que la niña tardaría mucho en aprender a gestionar los dos metros y un autobús necesarios para ir y volver del colegio. La familia propuso tres opciones cercanas a su casa, pero la preferida no entraba dentro del área de zonificación donde está empadronada la niña. Esta situación les ha llevado a reclamar un cambio urgente al Consorci, denunciando una posible discriminación hacia los alumnos con necesidades especiales.
A pesar de reconocer la necesidad de la zonificación para garantizar el acceso a estos centros, la familia argumenta que la delimitación de zonas debería beneficiar, y no perjudicar, a aquellos que no disponen de colegios de proximidad. Además, consideran importante que el nuevo centro cuente con un número suficiente de niños con la misma discapacidad intelectual, ya que los pediatras recomiendan la interacción con otros niños con síndrome de Down para que la menor pueda tomar conciencia de su realidad.
“"Con otros niños con síndrome de Down ella podría tomar conciencia de que no es tan diferente."
El Consorci d'Educació, por su parte, ha defendido que el proceso de asignación se ha basado en criterios objetivos y públicos, aplicados a todas las solicitudes, y que otras peticiones obtuvieron una puntuación superior, evitando así vulnerar los derechos de otros alumnos. La situación es similar a la de una compañera de clase, Hailey, a quien le han asignado una plaza a siete kilómetros de casa por autismo. Su madre, Vanessa, ha renunciado a la plaza asignada y ha pedido continuar en el centro actual, argumentando la imposibilidad de su hija de coger tres autobuses diariamente.




