Varios municipios de la provincia de Barcelona se enfrentan a un desafío significativo para conseguir suficiente arbolado para la reforestación urbana, una situación agravada por la reciente sequía. La falta de existencias ha llevado a ayuntamientos como el de Sabadell a flexibilizar sus proyectos, aceptando ejemplares con troncos más finos, incorporando especies alternativas y buscando proveedores incluso en Francia e Italia.
El consistorio de Santa Coloma de Gramenet también ha admitido un "problema importante de suministro" de las especies más comunes, una dificultad que prevén que se mantendrá durante años debido a la caída de la producción durante el período de sequía. Como medida paliativa, están plantando ejemplares más jóvenes y protegidos, y han comenzado a reservar árboles en viveros con antelación.
La ciudad de Barcelona, que necesita unos 500 árboles para reponer los perdidos por la sequía, atribuye la situación al aumento simultáneo de la demanda por parte de muchos ayuntamientos que han iniciado campañas intensivas de plantación. Se espera que estos árboles se puedan plantar durante las próximas campañas de verano y otoño. Por su parte, Terrassa ha conseguido en gran medida los árboles solicitados, aunque en ocasiones ha tenido que visitar varios viveros o esperar para recibir especies específicas.
“"Hay una fuerte demanda, también arrastramos una crisis desde 2008 porque estamos muy vinculados a la construcción y muchos viveros cerraron. Es un sector un poco escarmentado y la mezcla de todo complica encontrar muchas cosas."
Los productores de árboles señalan una combinación de factores que contribuyen a la escasez, incluyendo la fuerte demanda, la crisis del sector desde 2008 que provocó el cierre de muchos viveros, y el aumento de los costes de transporte. Además, la producción de árboles es un proceso largo, que puede durar entre cinco y diez años, lo que dificulta una respuesta rápida al incremento de la demanda.
Los viveristas consultados coinciden en que el aumento de los encargos municipales responde más a la necesidad de adquirir variedades resistentes a un clima cada vez más cálido y seco, impulsado por el cambio climático y la creación de refugios climáticos. Esta tendencia ha generado una competencia creciente por las mismas tipologías de árboles, incluso con viveros de otros países europeos comprando en España.




