Las fincas, construidas en 1916, destacan por sus fachadas simétricas con relieves florales y bustos femeninos. Pese a su interés arquitectónico, no están incluidas en el catálogo de protección patrimonial, lo que permite su demolición para dar paso a la extensión del parque.
Los antiguos vecinos ya han sido realojados en edificios de protección oficial o indemnizados. La zona se ha convertido en un mar de obras donde estas construcciones han quedado aisladas a la espera de las excavadoras, en un proyecto que busca ganar 26.400 metros cuadrados de jardín público.
“"Tendría sentido preservarlas, pero sería difícil integrarlas después en el parque."




