El temporal fue el detonante de la última crisis, que comenzó la tarde del martes 20 de enero en la estación de Plaza de Catalunya de Barcelona. Los usuarios experimentaron retrasos y la desaparición repentina de trenes de la línea R1 (que conecta con el Maresme). Posteriormente, el maquinista tuvo que corregir la información oficial, anunciando que el tren no pararía en Premià de Mar debido a la caída de una marquesina.
Las incidencias se agravaron con un descarrilamiento causado por la caída de una roca entre Tordera y Maçanet de la Selva (en la provincia de Girona), y el derrumbe de un muro en la estación de Pineda de Mar al día siguiente. Estos hechos llevaron a la suspensión total del servicio, dejando a 400.000 viajeros diarios sin alternativas claras, con escenas de resignación en localidades como Malgrat de Mar.
“"La situación evidencia la falta de mantenimiento que hubo durante mucho tiempo y que ha dejado a la red muy vulnerable."
Esta crisis ha reabierto el debate sobre las “desinversiones” históricas. Según la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), entre 1990 y 2018, Rodalies solo recibió 617 millones de euros, muy lejos de los compromisos anunciados por gobiernos como los de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. En el mismo periodo, la Administración central destinó 55.884 millones de euros a la red de alta velocidad (AVE), 15 veces más que a la red de cercanías.
El Govern Illa confía en que los planes de inversión actuales, que prevén 6.300 millones de euros entre 2020 y 2030, comiencen a dar frutos. Además, la nueva empresa mixta Rodalies de Catalunya, participada por Renfe y la Generalitat, tiene como primer encargo enderezar la línea R1, una de las más antiguas y saturadas, y proteger la infraestructura ante los fenómenos climáticos extremos, como el temporal Gloria de 2020.




