El comercio local, clave para la seguridad ciudadana

Pimec defiende que los establecimientos de proximidad generan vigilancia informal y mejoran el entorno urbano, reduciendo la delincuencia.

Imagen genérica de una calle comercial con vida y gente.
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Imagen genérica de una calle comercial con vida y gente.

Pimec reivindica el papel fundamental del comercio local y de proximidad como elemento clave para la seguridad ciudadana, argumentando que su presencia genera una vigilancia informal que previene conductas incívicas y reduce la delincuencia.

Cataluña ha experimentado una pérdida de cerca de once mil pequeños comercios en la última década. Ante esta tendencia, la patronal de la pequeña y mediana empresa (Pimec) insta a las administraciones a reconocer el comercio local y los servicios de proximidad como infraestructuras esenciales para el país.
El vicepresidente de Pimec, Antoni Torres, subraya en una entrevista a 3CatInfo que la aportación de estos establecimientos va más allá de la simple actividad económica. "Queremos que todo este ámbito de proximidad se considere como una infraestructura esencial. Igual que hay una política industrial, de defensa, de carreteras o de trenes, debe haber una política de comercio", defiende. Torres lamenta la percepción diferencial de esencialidad, afirmando que "el comercio también es una infraestructura básica esencial para apoyar nuestro modelo de sociedad. Necesitamos que sea considerada como tal."
La teoría de los "vidrios rotos", introducida en 1982 por los académicos James Wilson y George Kelling, sugiere que el deterioro visible de los espacios urbanos puede propiciar un aumento del incivismo y la delincuencia. Torres hace suya esta idea, explicando que la desaparición de los comercios de barrio no solo representa una pérdida económica, sino que "todas estas calles que tienen más vida se degradan mucho menos rápido que las calles donde no hay vida." Un entorno degradado, añade, "favorece la delincuencia porque favorece que no pase gente, porque no nos gusta ir por entornos degradados."
Este argumento conecta con la teoría de los "ojos en la calle" de Jane Jacobs, formulada en 1961. Jacobs defendía que los espacios urbanos son más seguros cuando hay actividad cotidiana y comercio constante, generando una vigilancia natural. La arquitecta y urbanista Itziar González, exconcejala de Ciutat Vella, coincide en esta visión, describiendo las plantas bajas comerciales como "zócalos de oro" que mejoran el espacio público si la actividad es "buena, agradable y de proximidad."
Sin embargo, no todos los comercios tienen el mismo impacto. Los planes de usos comerciales regulan los tipos de negocios por zona para equilibrar actividad, convivencia y espacio público. Según Torres, el comercio monotemático puede llevar a la "desertización comercial", donde una calle llena de tiendas de un mismo sector impide la diversidad, como ha sucedido con algunos "súpers de 24 horas" en Barcelona.
González añade que algunas actividades, bajo apariencia comercial, pueden ser ilegales o irregulares, generando degradación y potenciales "puntos de conflicto urbano". El comercio de calidad, en cambio, "expulsa las situaciones de conflicto urbano". Además, la presencia de comercio local fomenta la interacción vecinal, el vínculo social y la sensación de seguridad comunitaria.
Este debate sobre seguridad llega en un contexto de preocupación ciudadana, a pesar de que los datos oficiales no indican un aumento generalizado de los crímenes en Cataluña. El año pasado se registraron 54 homicidios, cifra similar a la de hace diez años, y 19 en lo que va de 2026. Sí han aumentado los tiroteos, con casi dos por semana en 2025.