El término metrópolis describe una realidad urbana que se extiende más allá de sus límites administrativos, proyectando sus dinámicas sobre el territorio circundante. Según Guillen, esto explica por qué fenómenos como la llegada de “expats” y la tensión sobre la vivienda, típicos de ciudades como Madrid o Valencia, se están manifestando ahora en municipios que antes quedaban al margen.
“"Los mismos que la transforman después se quejan de que ya no es como antes."
Esta búsqueda de “autenticidad” en lugares como Mataró, Girona o Sitges a menudo choca con la realidad, ya que los nuevos residentes traen consigo hábitos de consumo globales (cafés internacionales, brunch) que pretendían evitar. La clave, sin embargo, es económica: la llegada de personas con rentas altas tensiona mercados locales, provocando compras a precios elevados, alquileres al alza y la adaptación de los negocios al nuevo público, desplazando a los residentes de toda la vida.
“"Para quien vivía allí, el problema no es llegar a Barcelona; es que Barcelona ha llegado a ellos."
La consecuencia más tangible es que el pueblo "se convierte en un barrio más" de la gran ciudad. Guillen también alerta sobre la falta de integración social de algunos de estos nuevos residentes, que no aprenden catalán ni participan en las fiestas locales, contribuyendo a la pérdida del tejido social y comercial autóctono.




