La definición de los límites del Puerto de Barcelona puede ser objeto de debate, pero si nos centramos en el extremo más septentrional, cercano al centro de la ciudad, encontramos la escollera de la bocana norte. Este punto es señalado por una torre pintada a rayas verdes, iluminada de noche, que sirve como indicación de entrada a las instalaciones para las embarcaciones.
El acceso a esta zona del puerto es restringido, requiriendo atravesar el paseo de Joan de Borbó y la zona de la gestión de Marina Vela. Tras un control de seguridad y de pasar por un muelle con yates, se llega a una recta de unos 400 metros que conduce a la torre verde, bloqueada por una valla. La parte final del muelle hasta la escollera es una amplia superficie de cemento desde donde se observa la actividad constante del tráfico portuario.
Desde esta ubicación privilegiada, se disfruta de una vista clara de las terminales de cruceros y ferris, la zona logística de los estibadores, la playa de contenedores y diversas empresas. También se distingue la montaña de Montjuïc, especialmente su ladera suroeste, conocida como el Morrot, donde se encuentra el faro de Montjuïc. Esta infraestructura, inaugurada en 1925 y diseñada por el ingeniero Josep Cabestany, fue reformada hace dos décadas sin que se hayan definido nuevos usos más allá de su función como faro.
Al girar la vista hacia el norte, se divisa el Hotel W, espacios del Port Vell como el World Trade Center (WTC) con la Torre de Jaume I, el Maremàgnum, y edificios de la ciudad con el Tibidabo al fondo.
Esta bocana también ha sido seleccionada para la instalación de las primeras estructuras del proyecto RegenPorts, impulsado por la Fundació BCN Port con la colaboración de Ocean Ecostructures. Estas planchas verticales, diseñadas para regenerar la vida marina en un entorno portuario, se están colocando en las paredes interiores del muelle, entre dos y nueve metros de profundidad.




