La investigación, publicada en la revista Neurology, propone que el seguimiento de la evolución del NfL, un biomarcador de daño neuroaxonal, puede complementar las herramientas de monitorización actuales como la evaluación clínica y la resonancia magnética. Esta medida podría ayudar a identificar actividad biológica de la enfermedad en pacientes que aparentemente se mantienen estables.
El neurofilamento ligero es una proteína que se libera en la sangre cuando hay daño neuronal. En la esclerosis múltiple, sus niveles aumentan durante los episodios inflamatorios y tienden a disminuir con tratamientos efectivos. Niveles persistentemente elevados se han relacionado con más actividad futura de la enfermedad y acumulación de discapacidad. El estudio utiliza una puntuación estandarizada (z-score) para comparar los niveles con personas sanas y seguir su evolución individual.
El análisis de pacientes con esclerosis múltiple remitente tratados con diversas terapias modificadoras de la enfermedad reveló que aquellos cuyos niveles de NfL no disminuyeron tras un año tenían aproximadamente tres veces más probabilidades de presentar actividad de la enfermedad durante el segundo año. Esta asociación fue más fuerte en pacientes sin tratamiento previo.
Un resultado destacado fue que, incluso en pacientes que cumplían los criterios NEDA-3 (sin brotes, progresión de discapacidad ni actividad en la resonancia magnética), la falta de reducción del NfL también se asoció con un mayor riesgo de actividad futura. La Dra. Georgina Arrambide, neuróloga del Cemcat e investigadora principal, señala que el seguimiento del NfL aporta una "dimensión adicional" y puede ayudar a identificar precozmente pacientes que requieren monitorización más estrecha.
Aunque la resonancia magnética sigue siendo esencial, el seguimiento del NfL podría refinar la identificación de pacientes con riesgo elevado, sin sustituir las herramientas existentes. Un aumento inesperado o una falta de reducción del NfL podría sugerir la necesidad de una resonancia magnética adicional.
Los autores reconocen limitaciones, como la capacidad moderada del cambio en NfL para predecir actividad futura (área bajo la curva de 0,63) y que la asociación no se mantuvo para predecir actividad al tercer año. Por lo tanto, el NfL se considera una herramienta complementaria, no aislada, para decisiones terapéuticas, contribuyendo a una monitorización más personalizada de la esclerosis múltiple.




