Vila, con una amplia trayectoria en radio y prensa escrita, se ha consolidado en la televisión catalana con programas como El club, El convidat o El cotxe. Actualmente, estrena la tercera temporada de Quanta guerra!, consolidando su presencia en la cadena.
Aunque reside en Sant Esteve de Palautordera desde pequeño, la conexión de Vila con Barcelona es profunda. Nació en la clínica de las Tres Torres y vivió en el distrito de Gràcia hasta los seis años, una etapa que ha marcado su percepción de la capital catalana.
El periodista estudió en una escuela fundada por su madre en la parte alta de Gràcia, un espacio que describe como "escuela de barrio en una Barcelona muy activa, con la voluntad de construir un mundo mejor". Esta institución buscaba "recuperar la escuela de la República, enseñando en catalán y poniendo al alumno en el centro del mundo".
“"Era el Park Güell, es fuerte. De vez en cuando íbamos a la plaza y era nuestro campo de fútbol. Vista la realidad actual, es impensable."
Entre las anécdotas de su infancia, Vila recuerda que su canguro era el cantautor Ovidi Montllor, de quien eran vecinos. Esta proximidad llevó a la familia a pedir a los nuevos inquilinos de su antigua casa en Barcelona que la alquilaran a Montllor cuando se trasladaron a Palautordera.
Sobre la Barcelona actual, Vila la considera una ciudad maravillosa, aunque con ciertos inconvenientes. Valora positivamente iniciativas como la isla de Consell de Cent, pero expresa una cierta distancia con el exceso de modernidad en algunos locales. También lamenta el aumento de los precios en la gastronomía tradicional.
“"Yo cuidaría las cosas pequeñas, su gente, sus negocios… Lo cuidaría al máximo para mantener una ciudad maravillosa. No me extraña que la gente quiera venir, pero cómo me fastidia que vengan."
El periodista destaca que Barcelona tiene una visión clara del tipo de ciudad que quiere ser, aunque él no siempre comparte el camino. Prefiere centrarse en "las cosas pequeñas" y en la gente para preservar el carácter de la ciudad, mostrando una ambivalencia ante la atracción que genera.




