Gerard Guix reflexiona sobre la escritura y el ego en la presentación de su nueva novela
El autor de 'La flama apagada del desig' aborda la frustración editorial y la construcción narrativa, trece años después de su última obra.
Por Laura Cases Badia
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Imagen genérica de una sala de presentaciones literarias con estanterías y un micrófono.
El escritor y dramaturgo Gerard Guix regresa al panorama literario con el thriller erótico La flama apagada del desig, una novela que explora la crisis existencial de un autor a los 50 años y la complejidad del proceso creativo.
La nueva obra de Guix, publicada por Univers, narra la historia de un escritor sin nombre que ve cómo los pilares de su vida se desmoronan al llegar a la cincuentena. El detonante de este cambio es un joven encargado de la piscina de su casa, que introduce un giro inesperado en la trama.
Esta novela llega trece años después de su última publicación, un período durante el cual Guix ha explorado otros géneros, como la novela juvenil, y ha experimentado una "parada técnica" en su carrera literaria.
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"Después de estar unos años trabajando en una novela muy ambiciosa, me encontré con que fue rechazada por las editoriales. Esta constante negativa me llevó a sentir que no interesaba lo que escribía. Por lo tanto, como piensa el de la novela, que ya no era escritor."
El autor confiesa que el rechazo de un proyecto literario de diez años de dedicación (cinco de documentación y cinco de escritura) le generó una profunda frustración y tristeza, un sentimiento que, a pesar del tiempo, aún perdura.
Guix, que también es profesor de escritura en el Ateneu Barcelonès, explica que en La flama apagada del desig ha experimentado con la figura del narrador, que no solo cuenta la historia, sino que también revela cómo la construye, creando un juego metanarrativo que compara con los bastidores de una obra de teatro.
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"Ser bueno, tener talento no significa que puedas ser escritor. A veces conlleva muchas otras cosas, como la parte de ego."
La novela, que el autor define como un thriller erótico que muta en otros géneros, aborda el deseo en general y la pérdida, especialmente en una etapa de la vida donde, aparentemente, ya se ha logrado todo. Guix menciona que la película Instinto básico fue una de sus bandas sonoras mientras escribía, influenciando el tono de la obra.
El Premio Pin i Soler, que ganó en 2010 con Tot el que hauries de saber abans d’estimar-me, fue un punto de inflexión en su carrera, permitiéndole asumir su identidad como escritor. Guix señala que La flama apagada del desig tiene muchas conexiones con aquella obra galardonada, como si fuera un espejo.