Jordi González, vecino de Santa Coloma de Gramenet desde 1994, explica su motivación para unirse al Voluntariado por la lengua (VPL) del CPNL a raíz de la crisis de 2010. Desde entonces, ha acompañado a más de veinte aprendices de quince procedencias diversas, encontrando en esta experiencia un enriquecimiento personal y una vía para la integración lingüística y social.
González, que siempre ha hablado catalán, aprendió castellano en el colegio. Su implicación en el VPL le ha permitido conocer personas de culturas muy diversas, como una chica de Colombia, otra musulmana con dos carreras o una argentina. Mantiene relación con algunos aprendices y valora positivamente su voluntad de integrarse en Cataluña.
Según el voluntario, todos los aprendices comparten ganas de aprender y comunicarse, viendo el idioma como la mejor vía para integrarse. Aunque muchos ya conocen el castellano, encuentran que el catalán no es tan difícil de alcanzar. González facilita el reconocimiento en el primer encuentro llevando una gorra y una bolsa, o ahora, a través de mensajes de WhatsApp.
Los encuentros suelen ser en cafeterías, pero también incluyen salidas culturales como visitas al mercado de Sant Antoni o a charlas. González prioriza dejar hablar al aprendiz, haciendo preguntas sobre temas de actualidad o historia, y hablando de la cultura y forma de vida del aprendiz, un tema que le gusta especialmente.
El voluntario destaca que el VPL le aporta relaciones humanas y la visión de otras culturas. Le llena ver la voluntad de integración de personas recién llegadas a Cataluña. Le sorprende a González que la mayoría de aprendices (nueve de cada diez) sean mujeres, sugiriendo una posible mente más abierta, una observación que también ha notado al aprender italiano.
Recomienda hacerse voluntario, a pesar de reconocer que mucha gente alega falta de tiempo. Asegura que la experiencia es muy positiva y gratificante.




