La gestión del espacio público alrededor de la basílica diseñada por Antoni Gaudí se ha convertido en una cuestión central para los habitantes de la zona. El aumento constante de visitantes, especialmente marcado desde la visita papal del año 2010, ha transformado la dinámica cotidiana del barrio.
Con la proximidad de una nueva visita pontificia, los vecinos expresan su preocupación por las posibles restricciones y el incremento de la afluencia que podría generar la retransmisión global de la bendición de la torre de Jesús. Este tipo de actos ponen de manifiesto la tensión entre la proyección internacional del monumento y la calidad de vida de los residentes.
Más allá del impacto social, el templo mantiene una actividad económica significativa, con una facturación anual que alcanza los 135 millones de euros y la generación de 1.600 puestos de trabajo, consolidándose como un motor económico que, a su vez, plantea retos de convivencia urbana.




