La situación en la provincia de Barcelona es crítica. Según datos de la Federación de Autoescuelas de Barcelona, actualmente hay entre 58.000 y 59.000 aspirantes en lista de espera. Este tapón burocrático impide que los nuevos alumnos puedan iniciar sus clases prácticas.
El déficit de personal es estructural: de los 70 examinadores destinados a la provincia, un 20% suele estar de baja o permiso. Además, muchos profesionales solicitan traslados a comunidades donde el coste de vida es menor que en Catalunya.
Para revertir el colapso, la DGT ha incorporado 19 examinadores y espera sumar 17 más durante este año en Barcelona. Esto representa un aumento del 50% de la plantilla, reforzado por una convocatoria nacional de 100 plazas adicionales.




