La gastronomía transalpina tiene excelentes representantes en la capital catalana. Entre las nuevas aperturas que han cautivado al público se encuentra Gloria Osteria, un establecimiento de 1.000 metros cuadrados en la calle de Enric Granados que utiliza ingredientes de más de 170 productores italianos. También destaca Número Diez, que recrea la experiencia de comer en el centro de Nápoles, incluyendo un mural de Maradona.
Las especialidades regionales también tienen su espacio. Mìzzica, del chef Nuncio Cona, es una magnífica puerta de entrada a la cocina de Sicilia, ubicado en el Eixample. Por su parte, Forno Bomba en el barrio de Sants, dirigido por Francesco Gottardo y Alberto Montobbio, es conocido por sus 'focaccias' estilo 'barese' y los 'brioches' de pistacho.
“"Trato informal, sin máscaras. Género fresco. Preparaciones a diario."
Otros locales han ganado fama por su autenticidad o clientela. Capú, en Sant Gervasi, se ha convertido en el favorito de numerosos deportistas de élite, con su pasta carbonara como plato estrella. En el otro extremo, 26KG en el Poblenou, ofrece recetas clásicas italianas sin rastro de alimentos de origen animal, consolidándose como una opción vegana de calidad.
La tradición se mantiene viva con instituciones como Il Giardinetto, que ha cumplido 50 años manteniendo la visión de su creador, Leopoldo Pomés, de ofrecer pastas de calidad que huyen de la vulgaridad. Asimismo, Murivecchi en el Born celebra dos décadas de éxito con su gastronomía napolitana a precios razonables, habiendo servido a más de un millón de comensales.




