Los datos, recopilados por el Institut Metròpoli con el apoyo del AMB, revelan que las interacciones son más intensas entre propietarios que entre inquilinos. Además, las personas jóvenes y las nacidas en el extranjero tienden a relacionarse menos con sus vecinos. La mayor frecuencia de relaciones se registra en municipios pequeños y barrios con poca diversidad.
A pesar de la menor interacción, los conflictos vecinales no son habituales, afectando solo a un 9,6% de la población en el último año. Los ruidos son la causa principal de las disputas, pero la mayoría (72%) se resuelven mediante el diálogo informal, sin necesidad de intervención externa. El estudio también señala que los bloques pequeños y mal conservados presentan más problemas de convivencia. En cuanto a los problemas de convivencia en el barrio, la suciedad (44,5%) y la circulación de vehículos (33,3%) son las preocupaciones más citadas.
La encuesta también ofrece una valoración positiva del entorno urbano. La mayoría de los residentes perciben su barrio como bien comunicado (91,9%) y con abundancia de parques y espacios verdes (86,2%). Los barrios son considerados adecuados para niños (85,1%) y con una buena oferta de equipamientos (76,8%). La seguridad percibida es alta (71,4%), aunque la vitalidad y la capacidad asociativa son los puntos más débiles, con un 55% de aprobación. Solo un 21% de los encuestados se han movilizado con los vecinos para resolver problemas del barrio, y un 15,6% han participado en acciones de mejora de espacios comunitarios.
Un aspecto preocupante del estudio es la sensación de soledad. Un 9,8% de la población metropolitana ha sentido soledad o exclusión en el último mes, con una incidencia más alta entre las mujeres (12,3%) que entre los hombres (6,9%). Curiosamente, la soledad afecta de manera similar a los jóvenes de 16 a 29 años (11,7%) y a los mayores de 75 años (11,5%). Además, un 2,8% de los encuestados no tienen familiares ni amigos cercanos.




