Pasear por Barcelona a primera hora de la mañana de Sant Jordi permite disfrutar de una atmósfera de calma antes de la llegada masiva de visitantes. Mientras los libreros y floristas organizan sus puestos, se puede observar la ciudad preparándose para la celebración, una sensación comparable a la tranquilidad previa a una gran comida familiar.
A las ocho de la mañana, la calle de Gran de Gràcia ya bullía de actividad, con editoriales como L'Altra, Blackie Books y Minúscula montando sus stands. Este tramo forma parte del eje central de la diada, que se extiende por cuatro kilómetros y medio desde Gràcia hasta la plaza de la Catedral. La brisa primaveral, inicialmente agradable, se convirtió en un viento traicionero que esparció el polen de los plataneros, provocando estornudos y picores entre los asistentes, transformándolo en el "dragón" a combatir de la jornada.
En el Raval, una larguísima cola de lectores se formó en la calle d'Elisabets para conseguir la firma de la escritora surcoreana Han Kang, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2024. La autora presentaba su obra Tinta y sangre, publicada por La Magrana. Muchos de sus seguidores, algunos llegados desde Pineda de Mar, hicieron cola desde primera hora de la mañana para ser de los primeros en encontrarse con ella en la librería La Central del Raval.
La plaza de la Catedral, que se estrena como espacio para Sant Jordi este año debido a las obras en la Rambla, fue un lugar agradable para pasear a las once de la mañana. Esta alternativa fue bien recibida por algunos visitantes, que la encontraron menos concurrida que los espacios tradicionales. Se sugirió incluso que la Rambla se dedicara exclusivamente a los puestos de rosas, mientras que la zona de la Catedral acogiera los de libros.
A lo largo de la avenida del Portal de l'Àngel y el paseo de Gràcia, varios autores firmaron ejemplares de sus obras. Entre ellos, se pudo ver a la escritora Emma Zafón con su novela La mare, y otras figuras como Elisenda Carod, Magda Oranich y Xavier Grasset. También destacó el entusiasmo de Gil Pratsobrerroca, que vivía su primer Sant Jordi como escritor con El joc del silenci, uno de los libros de ficción en catalán más vendidos.
La Casa Batlló, engalanada con rosas, fue uno de los puntos más emblemáticos de la diada, mientras que la Pedrera lució una larga senyera. El paseo de Gràcia se transformó rápidamente en un hervidero de gente, consolidándose como uno de los epicentros de la celebración. La jornada concluyó con la necesidad de pañuelos para combatir los efectos del polen, un recordatorio de la particularidad de este Sant Jordi 2026.




