La puesta en marcha de la primera central térmica en Sant Adrià de Besòs en 1913 transformó radicalmente el municipio, que entonces solo contaba con unos 500 habitantes. Este nuevo polo industrial generó una gran cantidad de oportunidades laborales, atrayendo a residentes del sector agrario hacia la industria.
Una parte significativa de los trabajadores residía dentro del mismo recinto de la central, conocida por sus Tres Chimeneas. Para mejorar su calidad de vida, en el año 1928 se crearon unos extensos jardines, diseñados por el arquitecto francés Jean Claude Nicolàs Forestier.
Estas zonas verdes tenían el objetivo de proporcionar un espacio agradable de esparcimiento y descanso para el personal de la planta, ofreciendo un notable contraste entre la dureza industrial y la belleza paisajística.
Desafortunadamente, los jardines y la propia central térmica fueron castigados duramente por los bombardeos durante la Guerra Civil, lo que provocó su desaparición y la pérdida de este espacio histórico en Sant Adrià.




