La familia Monmany, conocida por su bar-cafetería en la Plaça Major de Montblanc, tiene una larga trayectoria que se remonta al siglo XIX. Actualmente, el negocio está al mando de la señora Remei Foguet Andreu, una mujer de edad venerable, espabilada y profundamente arraigada a su tierra, que vive en la misma casa donde se encuentra el establecimiento.
El linaje Monmany comenzó con Josep Monmany Escoté, sastre del siglo XIX, que proporcionó una magnífica base cultural a sus hijos. Su hijo, Josep Monmany Pérez, ejerció como procurador de los tribunales en Montblanc. El hermano de este, Artur Monmany Pérez, fundó en 1900 la primera imprenta de la Conca de Barberà, tras haber narrado en un diario su viaje para hacer el servicio militar en Filipinas.
Tras la muerte prematura de Artur Monmany Pérez, su esposa, Sebastiana Queralt, tomó las riendas del negocio, expandiendo la actividad de imprenta, papelería y librería. Su hijo, Artur Monmany Queralt, continuó la tradición familiar, aunque la imprenta sufrió un brutal saqueo en 1939 durante la Guerra Civil Española, con la confiscación de la maquinaria.
Posteriormente, Artur Monmany Ferré, nacido en 1929, fue un destacado impulsor de la catalanidad durante la dictadura, organizando eventos sardanistas y fundando el Grup Sardanista Monmany. Se casó con M. Remei Foguet Andreu en 1963. Tras el fallecimiento de su marido en 1988, Remei continuó liderando el negocio familiar.
El hijo de Artur y Remei, también llamado Artur Monmany Foguet, nacido en 1968, fue miembro fundador de la colla castellera Torraires de Montblanc. En 2003, madre e hijo decidieron abrir una cafetería en el mismo emplazamiento, que hoy en día ofrece cafés, vermuts y un trato cercano a los clientes.
“"Remei siguió teniendo gato. El que tiene ahora es de los “tejadillos”. Es un clásico como el Campari, que tomo de vez en cuando en casa de los Monmany, y si la quiero hacer reír solo tengo que decirle que quiero un “Campari”, si no caeré. Después de reír, añade que los Campari solo los toman los señores de antes."
El artículo también hace una reflexión sobre la gestión de la identidad catalana, comparando la pérdida de la tipografía de la imprenta Monmany en 1939 con un incidente durante la visita del Papa León XIV a la Sagrada Familia, donde se impidió cantar Els Segadors. Se destaca la fidelidad de Remei y Artur a su identidad y a su pueblo.




