La Cova de la Font Major de l'Espluga de Francolí, un tesoro arqueológico con nuevos retos

La cavidad, que alberga el primer santuario paleolítico de Cataluña, busca la declaración de Bien Cultural de Interés Nacional mientras investigadores exploran galerías inéditas.

Imagen de grabados paleolíticos en la Cova de la Font Major de l'Espluga de Francolí.
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Imagen de grabados paleolíticos en la Cova de la Font Major de l'Espluga de Francolí.

La Cova de la Font Major de l'Espluga de Francolí, reconocida por su santuario paleolítico con más de 300 grabados, está en proceso de ser declarada Bien Cultural de Interés Nacional (BCIN), mientras los investigadores continúan explorando sus galerías inéditas.

Esta cavidad, situada en el subsuelo del municipio de l'Espluga de Francolí y extendiéndose hasta la zona de la Mata, cerca del castillo de Riudabella, es un lugar de gran relevancia histórica. Ha sido testigo del paso de grupos humanos desde el Paleolítico hasta la época romana, e incluso fue visitada en los siglos XII y XVII. Actualmente, solo se han explorado 3.590 metros de su vasto sistema de galerías.
El descubrimiento más significativo, que consolidó su importancia, fue el de más de 300 grabados paleolíticos en el año 2019. Estos grabados, datados entre 37.000 y 15.000 años de antigüedad, constituyen el primer santuario de arte rupestre paleolítico encontrado en Cataluña. Este hallazgo fue realizado por Josep Maria Vergès, investigador del IPHES-CERCA, en la zona conocida como las Gatoneres de Cal Palletes.

"La única diferencia es que allí son pinturas y aquí son grabados. Si entras en una sala llena de pinturas, las ves enseguida. Pero con los grabados, necesitas una luz lateral."

Josep Maria Vergès · Investigador del IPHES-CERCA
La Cova de la Font Major se compara con grandes cuevas europeas como Chauvet (Francia) por la calidad y antigüedad de sus figuras. Los grabados, que incluyen representaciones de animales como caballos y numerosas formas abstractas como espirales y líneas paralelas, han sufrido el deterioro por el paso del tiempo y la acción humana. Su autenticidad ha sido verificada por elementos como los crecimientos estalagmíticos y el estudio del carbón, que confirman la presencia humana durante el mismo período cronológico.
Además del santuario paleolítico, la cueva alberga otro espacio ritual en la Sala del Llac, datado de la Edad del Hierro. Este lugar, donde el río subterráneo se encaja, ha revelado ofrendas como cerámicas con vino, restos de animales sacrificados y piezas metálicas. Los investigadores creen que la cueva fue un lugar de espiritualidad durante miles de años, con rituales posiblemente relacionados con la fertilidad, como sugieren las representaciones de hembras y vulvas.
Aunque Salvador Vilaseca consideró la cueva arqueológicamente agotada en los años 60, los descubrimientos recientes demuestran su potencial inexplorado. Los investigadores, liderados por Vergès, buscan nuevas galerías intactas, utilizando técnicas de geofísica y georradar. La complejidad del terreno, con un pueblo construido encima y la presencia de redes de servicios, presenta desafíos significativos para estas exploraciones. Paralelamente, se trabaja en la conservación de los grabados mediante el monitoreo ambiental y en proyectos de divulgación, como la creación de reproducciones y experiencias de realidad virtual, ya que el acceso al espacio original está restringido.