Las Altas Capacidades (AACC) se definen como un conjunto de habilidades cognitivas y emocionales por encima del promedio, que pueden manifestarse en áreas como la intelectual, la creativa o la artística. A menudo se confunden con la excelencia académica, pero su complejidad radica en la necesidad de un acompañamiento adecuado para evitar el estrés o el aburrimiento.
Dentro de las AACC, se distinguen tres categorías principales: la superdotación (rendimiento alto en muchas áreas con un Coeficiente Intelectual igual o superior a 130), el talento (destacar en aptitudes concretas) y la precocidad intelectual (desarrollo temprano respecto a la edad). Un niño con estas capacidades puede tener dificultades sociales o emocionales a pesar de su potencial.
Los psicólogos especializados señalan que la señal más repetida y clara para la detección es la memoria, a menudo descrita como rápida, precisa e inusual. Esta puede incluir la memoria semántica (recuerdo de conceptos), la episódica (detalles de eventos) o incluso la eidética (capacidad de “fotografiar” mentalmente).
La detección profesional y la coordinación entre la familia y la escuela son fundamentales para ofrecer retos ajustados y trabajar la gestión emocional. Según datos del Ministerio de Educación, en España hay más de 50.000 alumnos diagnosticados, pero los expertos estiman que esta cifra representa menos del 10% de los casos reales.




