Un estudio de la fundación privada Funcas señala a Girona como una de las provincias españolas donde la población de origen inmigrante tiene un peso demográfico más relevante. Esta presencia contribuye a mantener niveles de envejecimiento relativamente más bajos en comparación con otros territorios del Estado, como Almería, Baleares, Alicante o Madrid.
Los datos del Institut d'Estadística de Catalunya (Idescat) confirman esta tendencia, indicando que a principios de 2025 había 181.899 residentes extranjeros en las comarcas gerundenses, representando el 21,9% de la población total. Municipios como Castelló d’Empúries (más del 45% de extranjeros), Lloret de Mar (cerca del 38,5%), Salt (37%) y Roses (más del 30%) muestran porcentajes especialmente elevados.
Aunque la inmigración ayuda a sostener la población y a mitigar el envejecimiento, el informe advierte que no es una solución definitiva a la baja natalidad. En Girona, los nacimientos han experimentado un descenso del 35% entre 2009 y 2024, afectando tanto a la población autóctona como a la de origen extranjero. Aun así, los nacimientos de madres extranjeras continúan representando aproximadamente cuatro de cada diez.
Funcas destaca que la inmigración ha sido crucial para el crecimiento demográfico en España durante las últimas dos décadas, pero su capacidad de retención es limitada, con más de la mitad de los migrantes llegados desde 2002 que ya no residen en el Estado. Esto implica la necesidad de mantener flujos migratorios constantes para sostener la población.
El estudio también cuestiona la capacidad de la inmigración para revertir la baja fecundidad. A nivel estatal, los nacimientos han disminuido significativamente, y las mujeres migrantes tienden a adaptarse al régimen de baja natalidad español. Además, el potencial rejuvenecedor de la inmigración se ve limitado por el progresivo envejecimiento de los migrantes llegados en oleadas anteriores y el incremento de personas mayores entre los recién llegados.
En conclusión, el informe subraya que las políticas demográficas no pueden depender exclusivamente de la llegada de población extranjera. En Girona, si bien la inmigración ha impulsado el crecimiento y ha mantenido una estructura demográfica menos envejecida, las tendencias de natalidad evidencian la necesidad de abordar también otros factores.




