En España y a nivel mundial, los problemas de sueño se han convertido en una preocupación de salud cotidiana. Las prisas, el estrés, las largas jornadas laborales, el uso del móvil antes de dormir y la falta de rutinas hacen que muchas personas lleguen a la cama agotadas sin conseguir un descanso reparador. No se trata solo de dormir pocas horas, sino también de despertarse frecuentemente, sentirse cansado al levantarse, tener dificultades para conciliar el sueño o intentar recuperar el descanso perdido durante el fin de semana.
La psicóloga experta en sueño, Núria Roure, alerta que dormir mal no es una simple molestia, sino un síntoma y una señal de alarma del cuerpo. Según Roure, el problema a menudo comienza durante el día, influenciado por el estrés, la falta de horarios estables, el exceso de pantallas, la poca actividad física o un ritmo de vida acelerado. "El sueño se empieza a fabricar cuando nos despertamos por la mañana", afirma, destacando que las rutinas diarias y la regularidad en los horarios de sueño son clave para generar la presión de sueño necesaria.
Un hábito perjudicial común es posponer la alarma del despertador. Este gesto, aparentemente inocente, puede engañar al cerebro, empeorar la calidad del descanso y desajustar el ritmo circadiano. Roure recomienda colocar el despertador lejos de la cama para obligarse a levantarse y evitar este ciclo de sueño superficial y confuso. Acostarse demasiado pronto también puede ser contraproducente, provocando despertares nocturnos y dificultades para volver a dormir.
La idea de recuperar el sueño perdido durante el fin de semana es engañosa. La falta de descanso continuado afecta la concentración, la memoria, el estado de ánimo y la seguridad, aumentando el riesgo de accidentes y olvidos. Para mejorar la calidad del sueño, Roure insiste en la importancia de rutinas matutinas estables, como levantarse a una hora fija y exponerse a la luz natural. Por la noche, es recomendable reducir el uso de pantallas, evitar estímulos intensos y no cenar demasiado tarde.
El ejercicio físico durante el día también juega un papel crucial, ya que la segregación de adenosina durante la actividad intensa facilita un sueño más profundo y reparador. En definitiva, dormir bien depende de cómo se viva todo el día, y no solo del momento de ir a la cama.




