“"Los celos son una estrategia de supervivencia, no una emoción destructiva"
Según el experto, esta reacción es un mecanismo de defensa evolutivo que históricamente ha permitido a los niños aumentar sus posibilidades de sobrevivir. González afirma que los celos entre hermanos no se pueden comparar con los que experimenta un adulto, puesto que en la infancia existe un componente vital.
“"A diferencia del chico adolescente que tiene unos celos tremendos, pero no por eso se quedará sin cenar, el niño de 2, 3 o 4 años al que le nace un hermanito sí que se juega realmente la vida"
El pediatra señala que los niños pequeños dependen completamente de sus progenitores para subsistir. Para ilustrarlo, González recurre a la biología, comparando la reacción con la de otras especies: “A lo largo de la evolución, el ciervo que expulsaba a otros machos ha tenido más descendientes; el niño que mostraba celos ha tenido más probabilidades de sobrevivir”.
Por lo tanto, los celos infantiles no son un capricho ni una emoción negativa, sino una respuesta instintiva. Carlos González invita a los padres a entender estos celos como una necesidad afectiva, y no como una conducta a reprimir, subrayando la importancia de acompañar al niño mayor.




